Temas Dominicales... MÍ OPINIÓN.
Dos cuestionamientos...
Voto de militares y policías en servicio activo: ¿más derechos o un riesgo para la neutralidad de la Fuerza Pública?¿VOTO PARA LOS UNIFORMADOS O POLITIZACIÓN DE LOS CUARTELES?
Hay propuestas que parecen ampliar derechos ciudadanos, pero que, llevadas a la realidad institucional de un país profundamente polarizado, pueden producir efectos contrarios a los que se pretenden.
La posibilidad de permitir el voto a los militares y policías en servicio activo debe analizarse más allá del argumento elemental de que todo ciudadano tiene derecho a participar en las decisiones democráticas. El verdadero debate está en determinar si esa participación electoral puede preservar, al mismo tiempo, la neutralidad política, la disciplina, la jerarquía y la cohesión de la Fuerza Pública.
En mi opinión, convertir este asunto en una bandera política puede terminar siendo una propuesta populista, especialmente cuando proviene de figuras con enorme influencia política y capacidad de movilización.
Politizar las Fuerzas Militares y la Policía en un país donde la ideología ya ha penetrado profundamente el debate público sería abrir una puerta que después podría resultar muy difícil de cerrar.
El problema no es solamente el voto individual del uniformado. El verdadero riesgo está en lo que podría ocurrir alrededor de ese voto.
Aunque dentro de las unidades militares y policiales existen restricciones frente a la actividad política partidista, reconocer el sufragio podría generar nuevos debates sobre los límites entre el derecho ciudadano individual y la necesaria neutralidad institucional. ¿Dónde termina el ciudadano uniformado y dónde comienza la institución?
También existe un riesgo que no puede ignorarse: la posibilidad de que la jerarquía influya, directa o indirectamente, sobre las preferencias políticas de los subordinados.
En una institución caracterizada por la disciplina y la obediencia, cualquier presión —explícita o implícita— proveniente de un superior podría afectar la libertad de conciencia y de elección del subalterno.
Y aparece otro peligro: el clientelismo político.
Los partidos podrían intentar convertir el voto de los uniformados en un nuevo espacio de competencia por adhesiones, promesas, prebendas o beneficios. La política partidista podría intentar penetrar progresivamente las instituciones encargadas precisamente de proteger al Estado, la Constitución, la seguridad y a todos los ciudadanos, independientemente de su filiación política.
La Fuerza Pública no puede convertirse en un escenario de azules contra rojos, izquierda contra derecha, oficialistas contra oposición.
Un soldado o un policía puede tener sus convicciones personales. Eso forma parte de su condición humana y ciudadana. Pero la institución a la que pertenece debe permanecer por encima de las disputas partidistas.
Porque cuando la política partidista entra a los cuarteles, existe el riesgo de que la confianza institucional salga por la puerta.
También debemos preguntarnos qué ocurriría con la percepción ciudadana. La Fuerza Pública necesita ser reconocida como una institución profesional, constitucional y subordinada al poder civil legítimamente constituido. Su legitimidad depende, entre otras cosas, de que ningún sector político pueda apropiarse de ella.
No necesitamos una Fuerza Pública de partido. Necesitamos una Fuerza Pública de Estado.
Por eso considero que esta discusión no puede reducirse a decir: “si son ciudadanos, deben votar”. La democracia también exige proteger aquellas instituciones que, por su naturaleza, deben mantenerse al margen de la lucha partidista.
El voto es un derecho fundamental. Pero la estructura militar y policial tiene características especiales precisamente porque maneja armas, ejerce autoridad y cumple funciones esenciales para la seguridad nacional y el orden constitucional.
Por eso mi posición, como José Rodrigo Umaña, ciudadano Patriota y Soldado Siempre ,es de cautela.
Antes de aprobar una medida de esta naturaleza habría que evaluar rigurosamente sus consecuencias sobre la disciplina, la cadena de mando, la libertad de conciencia del uniformado, la neutralidad institucional y la subordinación de la Fuerza Pública al poder civil.
Porque una reforma que aparentemente amplía derechos puede terminar generando un problema mayor si permite que los partidos descubran que también pueden conquistar electoralmente los cuarteles.
La democracia necesita más participación, sí; pero también necesita límites que protejan sus instituciones.
La Fuerza Pública debe defender la Constitución, no una ideología; proteger al ciudadano, no a un partido; y obedecer al poder civil legítimo, no convertirse en actor de la disputa política.
No se trata de quitar derechos. Se trata de impedir que el derecho individual termine convirtiéndose en la politización de una institución que pertenece a toda Colombia.
La Fuerza Pública debe defender la Constitución y la soberanía nacional, no convertirse en otro escenario de la confrontación partidista.
Por eso considero que esta propuesta, presentada por algunos sectores como una conquista democrática, debe ser examinada con enorme responsabilidad.
Puede sonar popular.
Puede sonar progresista.
Puede sonar incluso justo.
Pero lo popular no siempre es lo conveniente para la democracia.
Mi preocupación no es el voto del uniformado.Mi preocupación es lo que puede venir después del voto.
Porque cuando los partidos comienzan a buscar votos dentro de los cuarteles, la frontera entre ciudadanía e institución puede empezar a desaparecer.Y cuando esa frontera desaparece, la neutralidad institucional queda en riesgo.
Una democracia fuerte no necesita politizar sus Fuerzas Armadas y de Policía. Necesita mantenerlas profesionales, disciplinadas, constitucionales y subordinadas al poder civil.
MI POSICIÓN clara es :
No quiero una Fuerza Pública de partido.
No quiero una Fuerza Pública de ideología.
No quiero una Fuerza Pública de políticos.
Quiero una Fuerza Pública de Estado.
Porque los cuarteles no pueden convertirse en la próxima plaza electoral de la politiquería colombiana.
La Fuerza Pública debe defender a Colombia, no escoger por Colombia.
JRoU