¿Quién ganó?
El odio y el resentimiento salieron a relucir en medio del fuego cruzado de una campaña cada vez más polarizada.
Los discursos de quienes obtuvieron el paso a la segunda vuelta dejaron más dudas que certezas. Preocupa que esta contienda se convierta en una confrontación de plaza pública y no en un debate de ideas, propuestas y argumentos, como la mayoría de los colombianos desea escuchar.
Los candidatos deben rodearse de inteligencia, información y prudencia para construir un mensaje sobrio y razonable, capaz de sumar apoyos sin perder la confianza de quienes ya los respaldan. Colombia necesita liderazgos que inspiren esperanza, que transmitan seguridad y que presenten una visión de prosperidad para todos los ciudadanos.
Se aproximan días difíciles y una campaña intensa. Será fundamental que el debate democrático se desarrolle dentro del respeto a las instituciones, las diferencias políticas y la convivencia ciudadana. Más allá de las preferencias electorales de cada colombiano, el país necesita propuestas serias que permitan enfrentar los desafíos de seguridad, desarrollo económico y generación de oportunidades para todos.
La democracia se fortalece cuando las ideas compiten con argumentos y los ciudadanos pueden decidir libremente el rumbo que consideran mejor para Colombia.
JRoU
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