Qué error político.
Causa y efecto de una llamada.
La reacción de la izquierda socialista-progresista frente a una simple llamada o invitación diplomática revela más ansiedad narrativa que lectura estratégica. Pasaron del alarmismo —“Trump va a invadir Colombia con la alegría de la derecha”— a la autocelebración improvisada, intentando convertir un gesto protocolario en una supuesta validación política.
Ese salto lógico es el error.
Causa:
Durante meses se construyó un relato de miedo útil para cohesionar bases: invasión, conspiración, “derecha corrupta”, injerencia extranjera. El problema de los relatos fabricados es que no resisten el primer contacto con la realidad. Una llamada, una reunión, una foto, y el castillo retórico se desmorona.
Efecto:
Al reinterpretar el gesto como “Trump se dio cuenta de las mentiras y reconoce a Petro”, la izquierda incurre en triunfalismo vacío. La diplomacia no es adhesión ideológica; es interés. Estados Unidos habla con gobiernos afines y no afines cuando conviene a sus objetivos. Confundir eso con respaldo es ingenuidad política o manipulación consciente.
El fondo del error:
Proyectar deseos como hechos.
Confundir diálogo con legitimación.
Reducir la política exterior a propaganda interna.
La política internacional no se mueve por simpatías, sino por intereses duros: seguridad, economía, control regional. Una llamada no borra desacuerdos, no certifica gestiones, ni convierte a nadie en aliado estratégico.
En síntesis:
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JR