Friday, October 16, 2026

Pensando en..: ¿hasta dónde debe tolerar una democracia a quienes pretenden utilizar sus libertades para acabar con ellas? JRoU

Razonamiento.. Pensando en..: ¿hasta dónde debe tolerar una democracia a quienes pretenden utilizar sus libertades para acabar con ellas?

LA DEMOCRACIA NO PUEDE SER CÓMPLICE DE SU PROPIA DESTRUCCIÓN


Hay una contradicción que las democracias no pueden ignorar: ¿deben permitir que movimientos políticos o religiosos que rechazan el pluralismo, la igualdad ante la ley y las libertades individuales utilicen las garantías democráticas para conquistar el poder y después destruirlas?
El comunismo autoritario y el islamismo político radical, aunque parten de fundamentos ideológicos y religiosos diferentes, pueden coincidir en un punto peligroso: subordinar las libertades individuales a una doctrina que pretende imponerse sobre toda la sociedad.
La historia ha demostrado que determinados regímenes comunistas, una vez consolidado su poder, han eliminado la oposición política, sometido a la prensa, perseguido a sus críticos y convertido las elecciones en simples mecanismos de legitimación. Por su parte, los movimientos islamistas extremistas que aspiran a imponer una interpretación religiosa obligatoria del Estado han restringido, allí donde han gobernado, derechos fundamentales, libertades religiosas y derechos de las mujeres.
Pero hay una diferencia fundamental: no todo comunista es totalitario, así como no todo musulmán es islamista radical. Confundir una ideología autoritaria con todas las personas que profesan una creencia o defienden una corriente política sería caer en la misma intolerancia que se pretende combatir.
El verdadero problema no es que alguien piense diferente. El problema comienza cuando pretende impedir que los demás piensen diferente.
Una democracia auténtica debe garantizar la libertad de expresión, de conciencia, de culto y de participación política, incluso para quienes cuestionan el sistema. Pero también tiene el derecho y el deber de defender sus instituciones frente a quienes recurran a la violencia, la persecución, la intimidación o la eliminación de los derechos ajenos para imponer su voluntad.
No se trata de prohibir ideas por su etiqueta ideológica o religiosa. Se trata de establecer límites claros frente a las conductas que destruyen la convivencia democrática.
Porque la tolerancia no significa rendición, y la libertad no puede convertirse en una licencia para esclavizar al discrepante.
Una democracia que no se defiende puede terminar entregando sus libertades a quienes no están dispuestos a respetarlas. Pero una democracia que persigue las ideas por sí mismas también traiciona sus principios.
La verdadera fortaleza democrática consiste en defender la libertad sin renunciar al Estado de derecho, combatir el extremismo sin criminalizar comunidades enteras y exigir a todos, sin excepciones, respeto por los derechos fundamentales.
EL MARTILLAZO FINAL
En democracia, todos tienen derecho a pensar diferente; nadie tiene derecho a imponer por la fuerza que los demás dejen de ser libres.
La democracia no exige uniformidad ideológica. Exige respeto por las reglas, las libertades y la dignidad humana. Quien aspire a gobernar debe aceptar también el derecho de los demás a oponérsele, criticarlo y reemplazarlo pacíficamente.

José Rodrigo Umaña Martinez 
Conversando en Blanco o Negro ®© Actualidad sin filtros

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