El odio inducido: la fábrica de la división nacional..
Yo no conocía un odio inducido tan feroz como el que hoy percibo en ciertos sectores de la política colombiana. Un discurso que, en lugar de unir al país, parece alimentar el resentimiento, profundizar las diferencias y convertir al contradictor en enemigo.
Petro, Cepeda, Arias, Mondragón, Acero, Carrascal, Pedraza, Zuleta, López y otros dirigentes deben responder por sus propias palabras y actuaciones ante la opinión pública. El liderazgo político no debería sembrar rencor para cosechar obediencia.
Lo más preocupante no es que existan seguidores con ideas distintas; eso es democracia. Lo grave es cuando algunos ciudadanos renuncian al pensamiento crítico, justifican lo injustificable y atacan a quien piensa diferente, como si defender una ideología exigiera entregar la conciencia.
No todos los que los apoyan son ingenuos ni todos comparten las mismas motivaciones. Pero ningún dirigente merece una adhesión ciega, y ninguna ideología está por encima de Colombia.
¡Una cosa es tener convicciones y otra convertir el resentimiento en una forma de vida!
Porque cuando la política necesita enemigos permanentes para mantener cautivos a sus seguidores, la democracia pierde terreno y la convivencia se convierte en víctima.
Cierre de martillo:
El político que te enseña a odiar al compatriota no está construyendo una nación: está levantando un muro para que no veas sus propios errores.
José Rodrigo Umaña Martinez
Conversando en Blanco o Negro ®© Actualidad sin filtros
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