Si a usted sus Hijos o nietos no le importan..usted es parte de éste crímen...
¡CON NUESTROS NIÑOS NO SE JUEGA!
¡Despierten, señores! Porque mientras algunos siguen entretenidos con las peleas de Twitter, el progresismo intenta convertir sus batallas ideológicas en políticas de Estado.
Ahora resulta que el woke progresista, socialista y sorista quiere presentarse como el gran salvador de la humanidad: ellos deciden qué debemos pensar, qué debemos decir, cómo debemos educar y, aparentemente, hasta cómo debemos entender la identidad de nuestros propios hijos.
¡Qué maravilla de democracia!
Según esta nueva religión política, cuestionar sus dogmas es ser retrógrado; pedir evidencia científica es ser enemigo del progreso; defender el papel de los padres es ser fundamentalista y preguntar por las consecuencias de determinadas intervenciones médicas en menores es, simplemente, imperdonable.
¡No jodamos!
Una cosa es respetar a cada persona y combatir cualquier forma de discriminación. Eso es elemental.
Otra muy diferente es pretender que una determinada corriente ideológica tenga patente de corso para imponer su visión desde las instituciones educativas, culturales y estatales.
Y aquí hay una frontera que debería ser sagrada:
LOS NIÑOS NO SON MATERIAL DE EXPERIMENTO IDEOLÓGICO.
Si se habla de tratamientos hormonales, bloqueadores, transición de sexo o procedimientos médicos relacionados con menores, la discusión tiene que ser seria, científica, médica, jurídica y transparente.
No puede resolverse a punta de consignas.
Mucho menos desde un despacho político.
Y mucho menos bajo la lógica de: “si usted pregunta, usted es fascista; si usted discrepa, usted odia; y si usted defiende a los padres, usted pertenece a la Edad Media”.
Ese es precisamente el problema del fanatismo ideológico: termina creyendo que tiene el monopolio de la verdad.
El gobierno Petro debería entender que gobernar no significa convertir al Estado en laboratorio de ingeniería social.
Colombia necesita seguridad, educación, empleo, salud, infraestructura, justicia y oportunidades para sus jóvenes.
Pero el progresismo parece tener una habilidad extraordinaria para convertir cada discusión social en una guerra cultural.
Mientras el país enfrenta criminalidad, extorsión, narcotráfico, corrupción y enormes problemas institucionales, algunos parecen empeñados en decirle a la sociedad cómo debe pensar sobre sexo, identidad, lenguaje y cultura.
¡Primero arreglemos el país y después nos inventamos otra revolución cultural!
Y que quede claro: defender a los niños no significa perseguir a nadie.
Significa exigir prudencia.
Significa respetar a las familias.
Significa escuchar a médicos, psicólogos, juristas y científicos.
Significa garantizar que cualquier decisión médica que pueda tener consecuencias permanentes sea tomada con los máximos estándares de protección, información y consentimiento que correspondan a la edad y situación del menor.
Porque hay algo que el fanatismo político parece olvidar:
un niño no vota, no legisla y no debería cargar sobre sus hombros las guerras culturales de los adultos.
La política puede cambiar.
Los gobiernos pueden cambiar.
Las ideologías pueden pasar de moda.
Pero algunas decisiones sobre el cuerpo y la vida de una persona pueden tener consecuencias que no se borran con un decreto ni con un trino presidencial.
Por eso la discusión debe ser frontal:
¡Con nuestros niños no se juega!
Ni desde la derecha.
Ni desde la izquierda.
Ni desde el progresismo woke.
Ni desde ningún laboratorio ideológico.
La infancia merece protección, educación, ciencia, familia y sentido común.
Y si alguien pretende llamar “progreso” a eliminar el debate, silenciar las preguntas y convertir una ideología en política oficial, entonces habrá que decirlo sin maquillaje:
eso no es progreso. Es dogmatismo con corbata institucional.
Colombia no necesita gobiernos que quieran fabricar ciudadanos a imagen de una ideología.
Necesita un Estado que proteja la libertad, respete a las familias, escuche la ciencia y, por encima de todo, proteja a sus niños.
La infancia no es el tablero de ajedrez de ninguna revolución política.
JRoU
Ministerio de Justicia y del Derecho
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