¡DESPIERTEN, SEÑORES!
El problema no es el tablero: es quién les está moviendo las fichas.
Mientras unos se matan a madrazos en redes defendiendo a Petro, a Cepeda, a Santos o atacando al que piensa diferente, los verdaderos jugadores siguen sentados frente al tablero, tomando decisiones mientras los peones se dan garrote entre ellos.
¡Qué negocio tan berraco!
Al ciudadano le tiran una consigna, le fabrican un enemigo y le venden una esperanza.
Y ahí va el pobre peón, feliz, creyendo que está haciendo revolución porque insultó al vecino en Facebook.
¡No joda! Eso no es pensamiento crítico. Eso es obediencia con internet.
EL TABLERO ESTÁ SERVIDO
Miremos la partida sin maquillaje.
Santos, Petro y Cepeda pertenecen a momentos distintos de una misma evolución del poder político colombiano, con relaciones, alianzas, coincidencias y continuidades que merecen ser examinadas sin el cuento infantil de que cada gobierno empezó de cero.
Y alrededor de ese proceso también aparecen influencias culturales internacionales que sus críticos asocian con el wokismo, particularmente en determinadas batallas identitarias y culturales.
No hace falta inventarse una reunión secreta en un sótano.
La política no necesita conspiraciones cuando existen alianzas, coincidencias, intereses y votos.
Ese es precisamente el punto que algunos prefieren no discutir.
Y AQUÍ VIENE LO BUENO...
La fórmula es vieja:
Primero: encuentre un enemigo.
Segundo: échele la culpa de todo.
Tercero: despierte el resentimiento.
Cuarto: repita el mensaje hasta el cansancio.
Quinto: prometa que usted será el salvador.
Y sexto: cuando las cosas salgan mal...
¡CULPE A OTRO!
¿Les suena?
A mí sí.
Y mucho.
Por eso la referencia a Goebbels no significa decir que estamos ante el nazismo. Significa advertir sobre el uso político de mecanismos propagandísticos conocidos: repetición, simplificación, emocionalidad y construcción permanente de enemigos.
Hoy no necesitan una radio estatal.
Tienen TikTok, X, Facebook, Instagram, bodegas digitales, influencers y miles de repetidores voluntarios.
La propaganda se modernizó.
El borrego también.
PEONES, ALFILES, TORRES Y REYES
En este tablero:
♟️ El ciudadano es el peón, cuando renuncia a pensar y solamente repite.
♝ El ideólogo es el alfil, porque atraviesa la discusión por diagonales que muchos ni siquiera ven.
♜ La estructura política es la torre, firme, organizada y esperando el momento de avanzar.
♛ El poder es la reina, capaz de moverse prácticamente en cualquier dirección.
♚ Y el rey... bueno, el rey casi nunca se ensucia las manos.
Lo verdaderamente absurdo es ver a los peones peleando por el rey.
¡Hasta se agarran entre ellos para defender a un político que ni siquiera sabe que existen!
Ese es el gran truco.
Convertir al ciudadano en hincha.
Que no analice.
Que no pregunte.
Que no compare.
Que no recuerde.
Que simplemente repita.
¿Y COLOMBIA QUÉ?
Mientras el país discute quién es más revolucionario, quién es más fascista, quién es más comunista y quién es más “woke”...
la inseguridad no lee hashtags.
El desempleo no vota tweets.
La corrupción no se acaba con discursos.
Los hospitales no funcionan con propaganda.
Las carreteras no se construyen con resentimiento.
Y la pobreza no desaparece porque un político grite más duro que el otro.
Entonces hagamos algo revolucionario:
PENSEMOS.
Preguntemos.
Investiguemos.
Comparemos resultados.
Revisemos alianzas.
Miremos quién votó qué.
Recordemos quién dijo qué.
Y, sobre todo, dejemos de creer que todo dirigente que promete salvarnos merece nuestra obediencia.
Porque el día en que el ciudadano descubra que puede pensar sin permiso...
se les dañó el negocio.
Y cuando el peón entiende el tablero, deja de obedecer movimientos ajenos.
Ahí comienza la verdadera democracia.
JRoU
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