Rencauzar a Colombia después de una etapa marcada por el deterioro de la confianza institucional exige mucho más que cambiar de gobierno. Requiere reconstruir la ética pública, recuperar el Estado y restablecer la autoridad de la ley, siempre dentro de la Constitución y el Estado de derecho.
Rencauzar a Colombia: recuperar la ética, la autoridad y la confianza
Colombia no puede resignarse a vivir bajo la idea de que la corrupción, el abuso del poder, el nepotismo o la impunidad son inevitables. Cuando la política deja de entenderse como servicio público y se convierte en instrumento de enriquecimiento, favoritismo o permanencia en el poder, el Estado termina debilitándose y la ciudadanía pierde la confianza en sus instituciones.
Rencauzar al país significa volver a poner al ciudadano y al interés general por encima de los intereses personales, partidistas o familiares.
El primer paso debe ser recuperar la ética de quienes administran los recursos públicos. Quien ocupa un cargo estatal debe comprender que administra bienes que pertenecen a todos los colombianos. La contratación pública debe ser transparente, verificable y sometida a controles efectivos, evitando conflictos de interés, contratación amañada y redes de favorecimiento.
El segundo paso es combatir la impunidad con instituciones independientes y eficaces. No se trata de perseguir al adversario político ni de convertir la justicia en instrumento de venganza. Se trata de que quien cometa un delito responda ante los jueces, independientemente de su partido, riqueza, apellido o posición política.
El tercer paso es recuperar el patrimonio público. Un Estado desfalcado no se reconstruye únicamente con discursos: necesita auditorías rigurosas, recuperación de activos, trazabilidad de los recursos, fortalecimiento de los organismos de control y consecuencias reales frente a quienes hayan saqueado las arcas públicas.
También debemos enfrentar el nepotismo y el clientelismo. Los cargos públicos deben asignarse por mérito, capacidad y experiencia, no por parentesco, amistad política o lealtad personal. Colombia necesita instituciones profesionales y servidores públicos que respondan al Estado, no a un caudillo.
Y hay otro elemento fundamental: reconstruir la cultura ciudadana. La transformación no puede depender exclusivamente del Gobierno. Una sociedad que tolera la corrupción cuando beneficia a los propios termina alimentando el mismo sistema que después critica. La ética pública comienza también en la responsabilidad individual.
En cuanto a las creencias religiosas o espirituales, el Estado debe mantener una posición neutral y respetar la libertad de conciencia. Las decisiones públicas deben fundamentarse en la Constitución, la ley, la evidencia y el interés general, no en prácticas privadas de carácter espiritual o supersticioso.
Rencauzar a Colombia significa, en definitiva:
Ley para todos.
Justicia sin privilegios.
Recursos públicos protegidos.
Mérito contra el nepotismo.
Transparencia contra la corrupción.
Autoridad con respeto a los derechos humanos.
Educación para recuperar los valores cívicos.
Y política entendida nuevamente como servicio, no como negocio.
Colombia no necesita una nueva cultura de odio ni de venganza. Necesita una cultura de responsabilidad.
Porque reconstruir el país no significa destruir al adversario: significa reconstruir las instituciones, recuperar la confianza y demostrar que en Colombia nadie está por encima de la ley.
JRoU
Abelardo De La Espriella
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JR