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El Acuerdo de La Habana: entre expectativas de paz y dudas legítimas
El Acuerdo o pactó de La Habana fue presentado como el camino definitivo hacia la paz en Colombia. Sin embargo, casi una década después, persisten cuestionamientos que no pueden descartarse como simples posturas ideológicas. Más allá de los discursos, lo que está en juego es evaluar si lo pactado realmente debilitó las estructuras del conflicto o si, por el contrario, dejó vacíos que hoy siguen afectando la seguridad y la institucionalidad del país.
Uno de los puntos más controvertidos ha sido el modelo de justicia transicional. Para muchos ciudadanos, las sanciones impuestas a excombatientes responsables de crímenes graves resultan insuficientes frente al daño causado. Esto ha generado una percepción de impunidad que erosiona la confianza en el sistema judicial y en el propio acuerdo.
A esto se suma la participación política de antiguos miembros de las FARC. Aunque fue concebida como un incentivo para la dejación de armas, también ha sido vista como una concesión prematura que no exigió una rendición de cuentas proporcional. Este punto sigue siendo una de las principales fuentes de polarización.
Otro aspecto crítico es el relacionado con el narcotráfico. Si bien el acuerdo incluía programas de sustitución de cultivos ilícitos, en la práctica Colombia ha enfrentado dificultades para reducir de manera sostenida estas economías ilegales. En algunas regiones, incluso, se ha evidenciado la presencia de nuevos grupos armados o disidencias que continúan financiándose a través de estas actividades.
Por supuesto, también es innegable que el acuerdo logró avances importantes, como la desmovilización de miles de combatientes y la reducción de ciertos indicadores de violencia en comparación con los años más intensos del conflicto. No obstante, estos logros no eliminan la necesidad de un análisis crítico sobre sus resultados reales.
Cuestionar el Acuerdo de La Habana no debería ser visto como un rechazo a la paz, sino como una exigencia de mejores condiciones para alcanzarla. La paz sostenible no se construye únicamente con la firma de un documento, sino con instituciones sólidas, justicia creíble y control efectivo del territorio.
El debate, por tanto, no es entre estar a favor o en contra de la paz, sino sobre qué tipo de paz se está construyendo y a qué costo para la democracia y el Estado de derecho..
Razonamiento
“La paz no se firma: se cumple.Sin justicia ni control, el acuerdo falla.”
“Sin verdad, sin castigo real y con narcotráfico vivo, no hay paz sostenible.”
“El papel firmó la paz; la realidad aún exige seguridad y justicia.”
“No basta desarmar guerrillas si el crimen sigue armado.”
“Paz sí, pero con justicia, verdad y sin economías ilegales.”
“Un acuerdo sin resultados en seguridad no es paz, es promesa incumplida.”. JRoU
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JR