Saturday, September 5, 2026

La Hiena vomita odió..“Cuando el poder no puede explicar sus fracasos, inventa enemigos; cuando no puede demostrar sus acusaciones, fabrica consignas.”EL COMODÍN DEL “TECNO-FASCISMO”. JRoU

La Hiena vomita odió..
“Cuando el poder no puede explicar sus fracasos, inventa enemigos; cuando no puede demostrar sus acusaciones, fabrica consignas.”

EL COMODÍN DEL “TECNO-FASCISMO”

Cuando la etiqueta pretende reemplazar la verdad
¡Hágame el favor! Ahora resulta que la hiena psicópata alias Petro nos sale con el descubrimiento del “tecno-fascismo”, y detrás de la palabra aparecen los mismos borregos políticos repitiendo la consigna como si fuera una verdad revelada.
Pero hagamos algo elemental: ¡leer, investigar y pensar!
Antes de utilizar la palabra fascismo como arma arrojadiza contra el adversario, habría que recordar qué fue realmente el fascismo histórico: un fenómeno político caracterizado por el autoritarismo, el culto al liderazgo, el nacionalismo extremo, la concentración del poder y la eliminación o restricción de la oposición política.
No es una palabra mágica que pueda pegarse a cualquier persona, movimiento, tecnología o adversario que incomode.
¿Y ahora la tecnología también es fascista?
El asunto adquiere un tinte todavía más curioso cuando se pretende convertir la tecnología en el nuevo enemigo ideológico.
La tecnología puede utilizarse para vigilar, manipular información, influir en ciudadanos o alterar procesos democráticos. Eso merece un debate serio. Pero una cosa es discutir responsablemente sobre tecnología, inteligencia artificial, redes sociales, algoritmos y poder político, y otra muy diferente es fabricar una etiqueta espectacular para alimentar la polarización.
Porque cuando todo aquel que discrepa es convertido en “fascista”, el término termina perdiendo precisamente el significado histórico que se pretende invocar.
¿Una cortina de humo?
Y aquí aparece la pregunta políticamente incómoda:
¿Por qué aparece ahora este discurso y qué pretende poner en segundo plano?
Si existen cuestionamientos sobre procesos electorales, estrategias políticas, posibles irregularidades o intentos de manipulación, la respuesta democrática no puede ser fabricar enemigos imaginarios ni movilizar seguidores mediante consignas.
Las denuncias se investigan.
Las pruebas se presentan.
Las responsabilidades se determinan.
Eso es democracia.
No basta con lanzar una acusación desde una tribuna política y esperar que una multitud la repita hasta convertirla artificialmente en una “verdad”.
El ciudadano no puede convertirse en borrego digital
La política moderna tiene una herramienta poderosísima: la repetición.
Se instala una palabra, se convierte en tendencia, se repite miles de veces y finalmente algunos terminan creyendo que la frecuencia de una afirmación es equivalente a su veracidad.
No.
Un hashtag no es una prueba.
Una consigna no es una sentencia.
Una acusación no es una condena.
Y una etiqueta ideológica no reemplaza los hechos.
Colombia necesita ciudadanos que cuestionen tanto al Gobierno como a la oposición; ciudadanos que no traguen entero; ciudadanos capaces de decirle “no” a quien pretenda convertirlos en soldados digitales de cualquier causa.
Colombia necesita memoria, no propaganda
La historia debe servir para comprender el presente, no para manipularlo.
Si vamos a hablar de fascismo, hablemos con rigor histórico.
Si vamos a hablar de tecnología, discutamos sus riesgos reales.
Si vamos a hablar de elecciones, examinemos las pruebas.
Y si vamos a hablar de democracia, defendámosla incluso cuando el resultado no favorezca nuestras propias posiciones.
Porque la democracia no necesita borregos que repitan. Necesita ciudadanos que piensen.
Y quizá ese sea precisamente el problema de fondo:
cuando una sociedad empieza a pensar por sí misma, las consignas dejan de funcionar.

JRoU 
Conversando en Blanco o Negro®
Descongelando verdades sin filtro.

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JR