Tuesday, August 11, 2026

Estamos transformando nuestros valores para construir una sociedad más libre y humana, o estamos perdiendo los referentes que permitían distinguir entre libertad y libertinaje, derechos y responsabilidades, verdad y conveniencia, bienestar individual y bien común? JRoU

Razonamiento del porque hoy..

Etnopsiquiatría: cuando la cultura también enferma, sana y transforma

La etnopsiquiatría ofrece una perspectiva especialmente interesante para analizar una sociedad en la que los valores, las normas de convivencia y los referentes éticos parecen haberse transformado. Conviene, sin embargo, evitar presentar esos cambios como una enfermedad mental colectiva: la etnopsiquiatría estudia cómo la cultura influye en la manera de comprender, expresar y atender el sufrimiento psíquico.
Etnopsiquiatría: cuando la cultura también enferma, sana y transforma
La etnopsiquiatría parte de una idea fundamental: la persona no puede comprenderse separada de la cultura en la que vive. Las creencias, la familia, la religión, las tradiciones, el lenguaje, las relaciones de poder, las normas sociales y las experiencias históricas influyen en la manera como cada individuo interpreta la realidad y enfrenta el sufrimiento.
Desde esta perspectiva, resulta pertinente preguntarnos qué ocurre cuando una sociedad experimenta una transformación profunda de sus referentes morales y sociales.
Durante generaciones, conceptos como responsabilidad, respeto, palabra empeñada, autoridad, solidaridad, familia, esfuerzo, mérito, honestidad y responsabilidad colectiva funcionaron como mecanismos de cohesión social. Hoy muchos de esos conceptos son objeto de reinterpretación, confrontación o relativización.
El problema no está necesariamente en que una sociedad cambie. Las sociedades deben cambiar. El verdadero desafío aparece cuando el cambio deja de distinguir entre libertad y ausencia de límites, entre derechos y privilegios, entre tolerancia y permisividad, entre crítica y destrucción, o entre autonomía individual y responsabilidad frente a los demás.
¿Hemos invertido los valores o estamos construyendo otros?
Esta pregunta merece especial atención.
Lo que una generación considera una virtud puede ser considerado una imposición por otra. La obediencia puede convertirse en sometimiento; la autoridad, en autoritarismo; la tradición, en atraso; la disciplina, en represión; el sacrificio, en explotación.
Pero también puede producirse el fenómeno contrario: la ausencia de límites puede presentarse como libertad; el relativismo como tolerancia; el individualismo como autonomía; la gratificación inmediata como realización personal y la confrontación permanente como autenticidad.
Desde una lectura etnopsiquiátrica, estos cambios no deberían analizarse únicamente desde la política o la moral. Hay que estudiar cómo están modificando la manera en que las personas construyen identidad, pertenencia, vínculos y sentido de vida.
La sociedad como escenario de conflicto psicológico y cultural
Cuando los referentes colectivos se debilitan, el individuo puede quedar obligado a construir prácticamente solo su sistema de significado.
Esto puede generar fenómenos sociales que merecen ser estudiados: aumento de la sensación de aislamiento, dificultad para establecer vínculos estables, conflictos intergeneracionales, intolerancia frente a opiniones diferentes, necesidad permanente de reconocimiento, frustración ante la adversidad y pérdida de confianza en instituciones tradicionales.
No significa que todos estos fenómenos tengan una única causa ni que puedan atribuirse exclusivamente al cambio de valores. Intervienen también factores económicos, tecnológicos, familiares, educativos y políticos.
Pero existe una pregunta inevitable:
¿Qué ocurre psicológicamente con una sociedad cuando ya no existe un consenso mínimo sobre lo que significa actuar correctamente?
La educación como territorio decisivo
Aquí aparece uno de los mayores desafíos.
La escuela no solamente transmite conocimientos. También enseña —explícita o implícitamente— cómo relacionarnos con los demás, cómo manejar la frustración, cómo asumir responsabilidades, cómo resolver conflictos y cómo convivir con quien piensa diferente.
Por eso, la educación socioemocional no debería reducirse a enseñar a los niños a "sentirse bien". Debe ayudarles a comprender qué significa ser una buena persona, cómo se construye el carácter y por qué la libertad necesita responsabilidad.
Una sociedad puede formar individuos extraordinariamente informados y, al mismo tiempo, ciudadanos incapaces de convivir.
El peligro del relativismo absoluto
Una sociedad democrática necesita pluralidad. Pero pluralidad no significa que todo comportamiento sea igualmente aceptable.
Podemos discutir nuestras diferencias políticas, religiosas, culturales y filosóficas, pero necesitamos conservar algunos principios básicos: la dignidad humana, el respeto por la vida, la honestidad, la responsabilidad, la protección del vulnerable, el rechazo de la violencia y el respeto por las reglas comunes.
Sin un núcleo ético mínimo, la convivencia se convierte en una negociación permanente de intereses.
Y cuando desaparece la confianza, aparecen el miedo, la sospecha y la fragmentación.
Recuperar valores sin regresar al pasado
El desafío no consiste en regresar mecánicamente a la sociedad de nuestros padres o abuelos. Tampoco consiste en rechazar todo cambio cultural.
El verdadero desafío es rescatar aquello que sigue siendo humanamente necesario y adaptarlo al mundo contemporáneo.
Necesitamos una sociedad capaz de combinar libertad con responsabilidad; derechos con deberes; tecnología con humanidad; diversidad con convivencia; autoridad con legitimidad; progreso con ética.
La etnopsiquiatría puede contribuir a esa reflexión porque nos obliga a mirar más allá del individuo aislado y preguntarnos qué está ocurriendo con la cultura que estamos construyendo.
Porque quizá la pregunta más importante de nuestro tiempo no sea simplemente:
"¿Qué está pasando con nuestros jóvenes?"
Sino:
"¿Qué sociedad estamos construyendo para que nuestros jóvenes aprendan a vivir?"
Y, finalmente, una pregunta todavía más profunda:
¿Estamos transformando nuestros valores para construir una sociedad más libre y humana, o estamos perdiendo los referentes que permitían distinguir entre libertad y libertinaje, derechos y responsabilidades, verdad y conveniencia, bienestar individual y bien común?
JRoU 

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