Vivimos en un país donde la verdad fue secuestrada por la política progresista socialista y deformada hasta volverse irreconocible. Donde la mentira dejó de ser vergonzosa y pasó a ser estrategia. Donde el crimen, amparado por el relato oficial, es exaltado como virtud y presentado ante la sociedad como liderazgo.
Denuncio una realidad en la que se invirtieron los valores: el honesto es sospechoso, la autoridad es desacreditada y el criminal es blanqueado moralmente bajo disfraces ideológicos. No fue un error; fue una decisión. Una decisión que convirtió la justicia en discurso, la ley en obstáculo y la verdad en estorbo.
Rechazo la narrativa que justifica el delito, romantiza la violencia y utiliza el dolor social como excusa para legitimar al victimario. Ninguna causa, ningún eslogan, ninguna ideología convierte al crimen en heroicidad ni al delincuente en líder social.
Afirmo que una nación sin verdad no tiene rumbo, y una sociedad que premia al criminal está condenada a repetir su decadencia. Defender la ley no es autoritarismo; es dignidad. Defender la verdad no es radicalismo; es carácter.
Este es mí manifiesto y es un llamado a recuperar el sentido moral de la política, a devolverle nombre a las cosas, y a recordar que la paz no se construye exaltando al criminal, sino protegiendo al ciudadano honesto.
Porque sin verdad no hay justicia.
Sin justicia no hay libertad.
Y sin carácter, no hay nación.
JRoU
La verdad no sé SILENCIA
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JR