La trama de las consultas políticas se ha convertido en una trampa calculada.
No son ejercicios democráticos: son escenarios de supervivencia para protagonistas sin electores, sin liderazgo real, pero con una ambición desbordada. Se creen capos del poder sin haber conquistado al pueblo.
No participan para servir a la nación, sino para negociar cuotas, asegurarse un puesto con el eventual ganador o convertirse en su futuro contrincante con vitrina pagada. Detrás del discurso “participativo”, lo que buscan es reposiciones de votos, financiación estatal y visibilidad artificial.
La ambición y el ego han sepultado la ética política.
El politiquero no piensa en la Patria: la usa.
No cree en principios: los alquila.
No defiende ideales: los negocia.
Para el politiquero que pretende ser político, la Patria no existe.
Existe el cálculo. Existe el negocio. Existe el poder.
Pero no existe Colombia.
JRoU
Que ignorancia querer anular la participación ciudadana, ese método lleva años usandose para elegir candidato presidencial.
ReplyDelete