Sunday, October 25, 2026

Temas Dominicales. Una reflexión en la cuál planteó una realidad dolorosa: la juventud que se convierte en instrumento de intereses ajenos puede terminar pagando con su libertad las consecuencias de decisiones que otros promovieron desde la comodidad del poder. JRoU

Temas Dominicales 

Una reflexión en la cuál planteó una realidad dolorosa: la juventud que se convierte en instrumento de intereses ajenos puede terminar pagando con su libertad las consecuencias de decisiones que otros promovieron desde la comodidad del poder. La idea central es advertir, cuestionar el adoctrinamiento y llamar a los jóvenes a pensar por sí mismos antes de destruir su futuro.

LA JUVENTUD UTILIZADA: DEL ODIO INDUCIDO A LOS AÑOS DE CÁRCEL
¿Qué logra una juventud adoctrinada, manipulada, instrumentalizada y atrapada en un resentimiento que muchas veces ni siquiera sabe explicar?
¿Destruir? ¿Incendiar? ¿Saquear? ¿Atacar al que piensa diferente? ¿Confundir la rebeldía con la violencia y creer que destruir lo público es derrotar al poder?
Hay una tragedia detrás de cada joven que termina convertido en instrumento de intereses políticos, ideológicos o económicos que no comprende plenamente. Algunos son seducidos por discursos de odio, otros por falsas promesas de justicia social y otros terminan atrapados en ambientes de drogas, violencia y manipulación.
Les infunden rabia, les señalan enemigos y les venden la destrucción como una forma de libertad. Pero rara vez les explican quién responderá por sus actos cuando se apaguen las llamas, desaparezcan las cámaras y los promotores del discurso regresen a sus cómodas oficinas.
Entonces llega la realidad.
El joven que ayer gritaba consignas, lanzaba piedras, incendiaba bienes o participaba en actos violentos tendrá que responder individualmente por las conductas que haya cometido. Ante un juez, las consignas no sustituyen los argumentos, el resentimiento no borra las pruebas y la manipulación no garantiza impunidad.
Y cuando llegue ese momento, ¿dónde estarán quienes lo utilizaron? ¿Quién pagará los honorarios de su defensa? ¿Quién le devolverá los años perdidos, las oportunidades laborales, los estudios truncados y el tiempo lejos de su familia?
Los agitadores pueden continuar con sus discursos; el joven, en cambio, puede terminar enfrentando las consecuencias.
La verdadera justicia social no consiste en destruir, incendiar o sembrar odio. Consiste en construir oportunidades, exigir responsabilidades, defender derechos y formar ciudadanos capaces de cuestionar a cualquier poder sin convertirse en sus instrumentos.
La juventud tiene derecho a protestar, disentir y exigir cambios. Pero también tiene el deber de comprender que la libertad de expresión no convierte la violencia en virtud ni el vandalismo en una causa noble.
A los jóvenes: piensen, investiguen, cuestionen y no entreguen su conciencia a quienes necesitan su rabia para alcanzar sus propios objetivos. No permitan que otros escriban el guion de sus vidas mientras ustedes asumen solos las consecuencias.
A quienes promueven el odio desde la comodidad del poder: la juventud no es carne de cañón ideológica ni una herramienta desechable para conquistar o conservar privilegios.

Antes de lanzar una piedra, prender fuego o destruir aquello que también pertenece a la sociedad, hay que preguntarse: ¿quién me está utilizando, qué pretende conseguir y quién estará a mi lado cuando deba responder ante la justicia?
Porque el resentimiento puede ser inducido, la violencia puede ser alentada y las promesas pueden ser falsas. Pero las consecuencias de nuestros actos pueden acompañarnos durante años.
Quienes te llenan la cabeza de odio pueden necesitarte para incendiar el presente; pero cuando llegue la justicia, no serán ellos quienes cumplan tu condena. No sacrifiques tu juventud para convertirte en el instrumento de quienes jamás sacrificarían su futuro por ti.

Podra tener UNA SALIDA CONSTRUCTIVA: QUE LA JUVENTUD SEA PROTAGONISTA, NO INSTRUMENTO
Pero no basta con señalar los errores de una juventud manipulada. También hay que preguntarse: ¿qué oportunidades le hemos ofrecido?, ¿quién la ha escuchado?, ¿qué caminos le hemos abierto para transformar su inconformidad en esperanza?
No podemos exigirle a un joven que crea en el futuro si la sociedad le cierra las puertas del presente. No podemos pedirle que abandone el resentimiento sin ofrecerle oportunidades, educación, trabajo digno, participación y razones para confiar.
La solución no es silenciar a la juventud, sino darle herramientas para que nadie pueda manipularla.
Hay una salida distinta: convertir la rabia en propuestas, la protesta en participación ciudadana, la inconformidad en emprendimiento y la energía de la calle en proyectos que mejoren la comunidad.
Que los jóvenes se organicen para recuperar parques, apoyar a niños vulnerables, crear colectivos culturales y deportivos, aprender oficios, emprender, formarse en tecnología, participar en debates públicos y exigir transparencia a sus gobernantes. Que aprendan a cuestionar tanto al poder como a quienes dicen combatirlo, porque ningún líder merece una obediencia ciega.
Que las instituciones, las empresas, las universidades y las comunidades asuman también su responsabilidad, creando oportunidades de estudio, formación técnica, primer empleo, atención a las adicciones y acompañamiento psicológico cuando sea necesario.
Y que la justicia no sea únicamente el lugar al que se llega cuando ya se ha cometido un delito, sino también una institución que previene, protege derechos y ofrece alternativas de reintegración, sin impunidad para los actos violentos ni condenas anticipadas para quienes protestan pacíficamente.
A los jóvenes les digo: no permitan que otros conviertan sus necesidades en armas ni sus sueños en mercancía política. Si algo les indigna, estudien el problema, organicen soluciones, exijan resultados y construyan alternativas. La verdadera rebeldía consiste en pensar con criterio propio, no obedecer ciegamente a ningún bando y tener el valor de construir aquello que otros solo prometen destruir.
Porque una juventud educada, crítica, preparada y con oportunidades no necesita incendiar su futuro para demostrar que quiere cambiar el mundo. Puede cambiarlo construyendo uno mejor.
José Rodrigo Umaña 
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