25 AÑOS DESPUÉS: ¿QUÉ CAMBIÓ EN LA HUMANIDAD?
Hoy se cumplen 25 años de un acontecimiento que cambió la historia.
Pero la pregunta que deberíamos hacernos no es solamente qué cambió en el mundo.
La verdadera pregunta es:
¿Qué cambió en nosotros?
En apenas un cuarto de siglo transformamos nuestra manera de comunicarnos, de informarnos, de trabajar y hasta de relacionarnos. La tecnología avanzó a una velocidad extraordinaria.
Pero mientras el mundo se hizo más digital, pareciera que nuestra sociedad se fue haciendo menos humana.
Hoy hablamos con miles de personas a través de una pantalla, pero cada vez nos cuesta más mirarnos a los ojos.
Tenemos más información que nunca, pero no necesariamente más conocimiento.
Tenemos más libertad para opinar, pero menos disposición para escuchar.
Y, quizás lo más preocupante, hemos comenzado a confundir libertad con ausencia de límites, derechos con ausencia de deberes y tolerancia con indiferencia frente a todo.
¿Qué pasó con los principios?
¿Qué pasó con la palabra empeñada?
¿Qué pasó con el respeto por los padres, los maestros, los mayores, las instituciones y por quienes piensan diferente?
No se trata de idealizar el pasado. El pasado también tuvo injusticias, errores y profundas desigualdades.
Se trata de preguntarnos si, en nuestra carrera hacia el futuro, dejamos algunas cosas esenciales abandonadas en el camino.
La familia dejó de ser para muchos el primer escenario de formación.
La escuela enfrenta el enorme desafío de enseñar conocimientos mientras también debería formar ciudadanos.
Y las redes sociales, que pudieron convertirse en una extraordinaria herramienta para acercarnos, muchas veces terminaron convirtiéndose en tribunales instantáneos donde se condena antes de conocer los hechos.
La palabra respeto parece haber perdido valor.
Hoy demasiadas veces gana quien grita más fuerte, quien insulta mejor o quien logra convertir una mentira en tendencia.
Y entonces aparece una paradoja:
Nunca tuvimos tantas herramientas para comunicarnos y, sin embargo, parece que cada día nos entendemos menos.
Hace 25 años cambió el mundo.
Pero quizá el desafío de los próximos 25 años no sea inventar una tecnología todavía más poderosa.
Quizá sea algo mucho más difícil:
volver a formar seres humanos capaces de utilizar la tecnología sin perder la humanidad.
Porque una sociedad puede tener inteligencia artificial, ciudades inteligentes, vehículos autónomos y máquinas capaces de hacer cosas extraordinarias.
Pero si pierde la honestidad, la solidaridad, la responsabilidad, la familia, el respeto y el sentido del deber...
¿realmente podemos llamarla una sociedad más avanzada?
Tal vez el verdadero progreso no consista únicamente en llegar más lejos.
También consiste en no olvidar quiénes somos mientras llegamos allí.
La pregunta queda abierta:
Después de 25 años de cambios extraordinarios, ¿somos realmente una humanidad mejor... o simplemente una humanidad más conectada?
“En 25 años conectamos al mundo entero; ahora debemos preguntarnos si todavía sabemos conectarnos entre nosotros.”
JRoU
ONU Derechos Humanos - América del Sur
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JR