El libreto del fraude: sembrar el caos para sobrevivir políticamente
Hay gobiernos que construyen legitimidad gobernando. Otros, en cambio, necesitan construir enemigos permanentes para justificar su fracaso. Y cuando el desgaste político comienza a notarse, aparece el libreto más peligroso de todos: denunciar fraude antes de que exista una elección cuestionada.
Resulta profundamente contradictorio que quienes llegaron al poder bajo un sistema electoral que calificaron como “democrático” ahora pretendan convencer al país de que ese mismo sistema está diseñado para robar elecciones. Si el sistema era ilegítimo, entonces también debería ser ilegítimo el mandato que hoy ejercen. Pero no lo dirán, porque el objetivo no es defender la democracia: es controlar la narrativa.
La estrategia es vieja y conocida. Primero se instala la sospecha. Luego se alimenta la polarización. Después se intenta convertir cualquier resultado adverso en prueba de conspiración. El propósito no siempre es demostrar un fraude real, sino erosionar la confianza pública, tensar el ambiente social y mantener movilizada una base política a través del miedo y la confrontación.
Cuando un líder insiste obsesivamente en que habrá fraude, sin pruebas sólidas ni denuncias institucionales contundentes, lo que muchas veces busca es crear un escenario donde solo existan dos opciones: o gana él, o “le robaron”. Es una lógica peligrosa porque destruye el principio esencial de toda democracia: aceptar reglas comunes incluso cuando el resultado no favorece nuestros intereses.
Colombia ya vive demasiada tensión social, inseguridad institucional y agotamiento ciudadano como para agregarle una narrativa permanente de caos electoral. La democracia no se defiende incendiando la confianza pública cada vez que las encuestas cambian o el respaldo disminuye.
La historia latinoamericana demuestra que los proyectos políticos con tendencias autoritarias suelen necesitar enemigos constantes: la prensa, las cortes, los empresarios, la oposición, las fuerzas armadas o el sistema electoral. Todo sirve para alimentar una narrativa victimista que les permita justificar radicalizaciones futuras o desconocer límites institucionales.
El verdadero peligro no está únicamente en una denuncia irresponsable. El verdadero peligro aparece cuando millones de ciudadanos comienzan a creer que nada es legítimo, que toda institución está podrida y que la única verdad válida es la del líder político de turno. Ahí deja de existir democracia y comienza el culto al poder.
Las elecciones deben vigilarse, auditarse y protegerse con total transparencia. Eso es normal en cualquier república seria. Pero una cosa es exigir garantías y otra muy distinta convertir el miedo en herramienta de manipulación política.
Porque cuando el caos se vuelve estrategia, la democracia termina siendo la primera víctima.
JRoU
No comments:
Post a Comment
Your comments are important for me.. i will Reply to them shortly..
Gracias por comentar y responder a ellos pronto..
JR