Dice mí amigo Miguel,Yo no sé por qué Colombia aún no ha sido declarada, ante el mundo, potencia universal en fertilidad.
No por su tierra —cada vez más saqueada—ni por su agua —cada vez más manoseada—,sino porque aquí germina sin control, se reproduce sin freno y se propaga sin castigo
la más miserable de las plagas morales.
Una que no necesita abono ni cultura:
crece en la ignorancia,
se fortalece en la mediocridad,
y alcanza su plenitud en el resentimiento.
Aquí la envidia no es un defecto: es doctrina.
No se oculta: se exhibe.
No avergüenza: se celebra.
No destruye al envidiado: corroe al país entero.
Es la madre legítima de la deslealtad,
la partera de la traición,
la arquitecta de la trampa
y la coartada perfecta del engaño.
Desde ella se justifican las zancadillas,se normaliza el sabotaje,
se premia al mediocre y se persigue al que sobresale.
Letal como veneno lento.
Epidémica como peste social.
Impune como pecado sin ley.
Aquí no se odia al corrupto: se le envidia.
No se combate al criminal: se le admira.
No se eleva al capaz: se le hunde.
Y mientras esa plaga siga mandando,
ninguna reforma servirá,
ningún discurso sanará,
ninguna patria se levantará.
Porque un país dominado por la envidia
no cae de rodillas:
se pudre de pie.
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JR