EL TERREMOTO QUE SACUDIÓ A COLOMBIA
Sin anestesia: no solo tembló la tierra. Tembló el relato.
El terremoto de agosto no solo movió la tierra.,Movió a Colombia.
Y eso parece haberle dolido más a algunos que el propio temblor.
Porque durante cuatro años intentaron convencernos de que Colombia estaba dividida entre los buenos y los malos.Ellos, naturalmente, se reservaron el papel de los buenos.
Qué conveniente.
Los demás éramos el problema.
Los que pensábamos diferente éramos enemigos.
Los que cuestionábamos éramos fascistas.
Los que denunciábamos éramos golpistas.
Y los que exigíamos resultados éramos, según el libreto, parte de la derecha “retrógrada”.
¡Qué imaginación!
Mientras tanto, la realidad seguía golpeando la puerta.
Inseguridad.
Corrupción.
Escándalos.
Contratos cuestionados.
Nepotismo.
Nóminas paralelas
Testaferros.
Violencia.
Narcotráfico.
Territorios abandonados.
Instituciones debilitadas.
Y una ciudadanía cada vez más cansada de escuchar discursos mientras esperaba soluciones.
LA CORTINA DE HUMO
Cuando no hay resultados, siempre queda un recurso:
fabricar un enemigo.
Si la economía preocupa, culpa al anterior.
Si la seguridad empeora, culpa al anterior.
Si aparecen escándalos, persecución política.
Si alguien pregunta por los recursos públicos, ataque al mensajero.
Y si todo falla...
¡Invéntese otra etiqueta!
Ahora resulta que todo aquel que cuestiona el progresismo es fascista.
Antes eran uribistas.
Después paramilitares.
Luego enemigos de la paz.
Ahora fascistas.
Mañana quién sabe.
Quizás extraterrestres.
Porque cuando faltan argumentos...
sobran etiquetas.
EL DINERO NO TIENE IDEOLOGÍA
Aquí hay algo muy sencillo.
El dinero público no es de izquierda.
No es de derecha.
No es progresista.
No es conservador.
Es de los colombianos.
Por eso, cuando existen denuncias sobre posibles desfalcos, contratos irregulares, financiación ilícita, corrupción o utilización indebida de recursos, no se necesita una tribuna política.
Se necesita Fiscalía.
Contraloría.
Procuraduría.
Jueces.
Pruebas.
Y justicia.
Si alguien es inocente, que lo demuestre la investigación.
Si alguien es culpable, que responda.
Así funciona una República.
Lo demás es teatro.
LA GRAN ESTAFA MORAL
El problema nunca fue hablar de justicia social.
El problema es utilizar la justicia social como patente de corso.
Decir:
“Somos los pobres”.
“Somos el pueblo”.
“Somos el cambio”.
“Somos la democracia”.
Muy bonito.
Pero una pregunta incómoda:
¿Y quién vigila al que dice hablar en nombre del pueblo?
Porque apropiarse del discurso de los pobres no convierte a nadie en honesto.
Ponerse la camiseta de la democracia no convierte a nadie en demócrata.
Y hablar de derechos humanos no convierte automáticamente a nadie en defensor de los derechos humanos.
Los hechos hablan más fuerte que las consignas.
EL SOCIALISMO DE LOS DISCURSOS
Prometieron igualdad.
Pero algunos terminaron descubriendo las mieles del poder.
Prometieron transparencia.
Pero aparecieron escándalos que exigieron explicaciones.
Prometieron cambiar la política.
Y terminaron utilizando muchas de las mismas maquinarias que juraron combatir.
Prometieron reconciliación.
Y dejaron una sociedad más enfrentada.
Prometieron una Colombia distinta.
Y ahora pretenden convencernos de que preguntar es odiar.
No, señores.
Preguntar no es odio.
Fiscalizar no es odio.
Denunciar no es odio.
Votar diferente no es odio.
Democracia también significa decir NO.
LA POLÍTICA DEL RESENTIMIENTO
Hay políticos que necesitan una sociedad dividida.
Porque una sociedad dividida es más fácil de manipular.
Necesitan ricos contra pobres.
Campo contra ciudad.
Militares contra civiles.
Derecha contra izquierda.
Jóvenes contra viejos.
Unos colombianos contra otros.
Mientras todos pelean...
alguien administra el poder.
Mientras todos se insultan...
alguien firma contratos.
Mientras todos miran al enemigo...
alguien mira la caja.
Y esa es la pregunta que incomoda:
¿Cuánto tiempo más vamos a dejarnos distraer?
COLOMBIA ESTUVO AL BORDE
Estuvimos cerca de convertir la política en una religión.
Una religión donde el líder es infalible.
Donde la crítica es herejía.
Donde el contradictor es enemigo.
Donde la ideología justifica lo injustificable.
Eso no es democracia.
Eso es fanatismo político.
Y ningún extremo tiene derecho a destruir la República en nombre de salvarla.
Ni izquierda.
Ni derecha.
Ni progresismo.
Ni conservatismo.
Nadie.
Y ENTONCES TEMBLÓ LA TIERRA
Y ocurrió lo inesperado.
Tembló Colombia.
Y durante unos instantes desaparecieron las etiquetas.
No importó quién votaba por quién.
No importó quién gritaba izquierda.
No importó quién gritaba derecha.
El colombiano necesitó al colombiano.
Y el colombiano respondió.
El vecino ayudó al vecino.
El desconocido ayudó al desconocido.
La solidaridad hizo en minutos lo que la política llevaba años intentando destruir:
nos recordó que somos una nación.
Ese fue el verdadero terremoto.
EL TERREMOTO POLÍTICO
Porque quizás la tierra solamente nos estaba dando una advertencia.
Colombia necesita reconstruirse.
Pero no solamente sus edificios.
Su moral pública.
Su confianza.
Su institucionalidad.
Su justicia.
Su seguridad.
Su esperanza.
Hay que reconstruir la República.
Y para eso hay que demoler algunas cosas.
La impunidad.
La corrupción.
El fanatismo.
El clientelismo.
El odio.
La mentira política.
La manipulación.
El mesianismo.
Y esa peligrosa costumbre de creer que quien gana una elección adquiere licencia para hacer lo que quiera.
No.
El poder es prestado.
La República permanece.
QUE TIEMBLE EL PODER
Que tiemble el corrupto.
Que tiemble el que roba.
Que tiemble el que compra conciencias.
Que tiemble el que amenaza.
Que tiemble el que utiliza el Estado para perseguir adversarios.
Que tiemble el que cree que una ideología está por encima de la ley.
Que tiemble el que confunde impunidad con poder.
Porque esta vez no tiene que temblar la tierra.
Tiene que despertar el ciudadano.
Y cuando despierta una ciudadanía cansada...
Cuando empieza a preguntar...
Cuando exige cuentas...
Cuando deja de tener miedo...
Cuando descubre que el poder no es eterno...
el terremoto apenas comienza.
Colombia no necesita otra revolución.
Necesita recuperar la República.
No necesitamos más odio.
Necesitamos carácter.
No necesitamos mesías.
Necesitamos instituciones.
No necesitamos propaganda.
Necesitamos verdad.
No necesitamos gobernantes que dividan.
Necesitamos líderes que unan.
Y sobre todo...
No necesitamos otra generación educada para odiar al adversario.
Necesitamos colombianos educados para defender la libertad.
EL CIERRE
El terremoto de agosto movió la tierra.
Pero puede haber movido algo mucho más poderoso:
la conciencia de una nación.
Y aquí está la advertencia para quienes todavía creen que Colombia es propiedad de una ideología:
La tierra puede dejar de temblar.
El poder puede cambiar de manos.
Los gobiernos pueden terminar.
Los discursos pueden desaparecer.
Pero cuando un pueblo despierta...
YA NO HAY CORTINA DE HUMO QUE LO VUELVA A DORMIR.
Colombia no se cayó.
Colombia se sacudió.
Y quizás, por primera vez en cuatro años...
NO TEMBLÓ COLOMBIA.
TEMBLARON EL MIEDO, EL RELATO Y EL PODER.
Conversando en Blanco o Negro®
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Para redes, la frase de cierre más fuerte sería:
“Colombia no se cayó. Colombia se sacudió. Y cuando un pueblo despierta, ninguna cortina de humo vuelve a dormirlo.”
JRoU
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